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Inmigrantes y política electrónica José da Cruz
Comentario sobre el artículo de Ari Melber MySpace, MyPolitics http://www.thenation.com/doc/20060612/melber
La sociedad incorpora nuevas tecnologías y éstas producen cambios esperados e inesperados en las relaciones humanas. No sé si quienes inventaron el teléfono móvil o la Internet los pensaron como herramientas para el desarrollo de opciones e ideas políticas, pero en esta época de ruptura de lazos solidarios e instituciones de masas, el individuo se comunica con otros mediante la intermediación de aparatos con pantallas o pantallitas, y teclados para digitar mensajes. Un análisis superficial nos daría como resultado que la comunicación es peor, despersonalizada, elitista, mecánica, pero pensándolo bien los electrones me permiten comentar, a la vez, una noticia con amigos que viven en Japón, en la otra cuadra o en Sarandí del Yi, desde mi mesa en Montevideo. Mejor aún, los electrones permiten que nos pongamos de acuerdo en lo que nosotros podríamos hacer, formando una nueva unidad mayor que la suma de individualidades. Si esto lo multiplicamos por miles y cientos de miles, tenemos los fenómenos de comunicación que se están dando cada vez más en ocasión de grandes conmociones sociales.
En marzo pasado, millones de inmigrantes se movilizaron en los Estados Unidos. Dos de cada tres habitantes, en ese mar de conservadurismo e indiferencia política, afirmaron que se habían enterado de la existencia de las movilizaciones. Hubo dos innovaciones en este proceso: primero, integró gente que en circunstancias normales huye de la política dirigida por activistas, donantes y votantes, ya que los inmigrantes raramente votan o no tienen derecho a ello; segundo, se organizó en gran parte a través de la utilización de tecnología de comunicación a nivel del pueblo llano, desde mensajes de texto hasta redes virtuales en Internet. Esto rompió con formas tradicionales y arrastró a no votantes, a estudiantes y a inmigrantes ilegales en coaliciones que dieron como resultado que, por ejemplo, más de cien mil estudiantes, un cuarto de quienes integran el mayor distrito escolar público de California, boicotearan las clases el primero de mayo en el marco del “Día sin inmigrantes”.
Entre los estudiantes, especialmente entre quienes hasta ese momento no se habían preocupado de la política, un sitio web llamado MySpace fue un instrumento movilizador. Es un club virtual con setenta millones de miembros, la mayoría adolescentes, que intercambian conversaciones, fotos y música, y está entre los diez más visitados del cibermundo. Cuando algunos miembros se sintieron tocados por el problema de los inmigrantes la discusión se impuso en los chats de MySpace y millones de páginas web asociadas a este sitio. Lo más interesante es que esto pasó a la movilización masiva de una gran masa caracterizada como apolítica. Tal vez no hubiesen respondido ante manifiestos, convocatorias y discursos de barricada, pero sí a la opinión de sus amigos virtuales pues eran una fuente confiable.
MySpace es una empresa de Intermix Media, e Intermix es parte del imperio de Rupert Murdoch, ultraconservador australiano dueño de Fox News y de cientos –o tal vez miles– de periódicos, radios, editoriales y televisoras. El contenido de MySpace, sin embargo, no depende de los líderes empresariales sino de los mismos usuarios.
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