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Dinamarca y el “nacionalismo digital”
A pocos kilómetros
de Copenhague, su capital, Dinamarca ha resuelto levantar una ciudad
digital para colocarse a tono con la globalización. Ya no son, obviamente,
los inmensos castillos de la Edad Media ni los botes de guerra de los
vikingos los medios para atender los desafíos de la Era de la Información.
Uno se pregunta qué razón tan poderosa puede llevar a una sociedad tan pequeña a construir un emprendimiento por casi mil millones de dólares en cinco años. Uno de los cerebros del proyecto “DR Byen”, Knud Ebbesen, lo explica con detallada claridad: “Queremos defender nuestra identidad, nuestras costumbres, nuestro idioma. En definitiva, buscamos permanecer en este mundo de la mano de las nuevas tecnologías de la información”. Un ejemplo que se debe imitar, incluso para los países más desarrollados. Y no es para menos. Contradictorio como cualquier otro proceso de cambio que afecta a la Humanidad, la globalización es un fenómeno de doble cara. Ha logrado poner el mundo en nuestras manos, abrir mercados, acercar a millones de personas en un ordenador. Pero, a su vez, se presenta como un enorme desafío y, en muchos casos, como una amenaza para los Estados y los pueblos que habitan la tierra. La información está en el centro de este proceso de dimensiones planetarias. Información que es la base sustancial del conocimiento que nos permite saber quiénes somos, dónde estamos y a dónde vamos. Dinamarca se dio cuenta rápidamente de esa transformación en ciernes y ha puesto todo su empeño en colocar a sus ciudadanos en la denominada “sociedad en red”. Apoyado en sus raíces culturales, en cuyo centro está un idioma para nosotros definitivamente críptico, el Estado danés se ha colocado a la cabeza de una estrategia de supervivencia nacional. ¿Nacionalismo digital? Salvando las distancias del caso, se trata de un nacionalismo estratégico, que apunta a una integración inteligente en la globalización con los medios que ofrecen las tecnologías de la información (IT). Ciudad multimedia Un ejército de trabajadores se ocupa actualmente de trasladar los equipos de la vieja Radio Nacional de Dinamarca a Orestad Nord, un terreno descampado de más de 2 mil hectáreas. Un icono de la cultura danesa que aún mantiene su vigencia a través de dos canales de televisión, cuatro estaciones de radio, una radio satelital, una radio en internet y una empresa de telefonía móvil. Casi tres millones de personas están conectadas todos los días a la estatal DR. Los daneses ven y escuchan DR desde que salen de la cuna hasta que terminan sus días como los reyes enterrados en Roskilde, la antigua capital de Dinamarca. Para todas las edades, para todos los gustos, una parte sustancial de la vida, los pasatiempos y la música, pasan por DR, un ejemplo entre los servicios públicos de radiodifusión europeos. La corporación DR se fundó en 1925 como una organización pública cuya misión fundamental era, y sigue siendo, la formación y el entretenimiento de los ciudadanos daneses. La institución se financia con el aporte de 1,4 millones de licencias de funcionamiento que los propios hogares daneses pagan mes a mes, religiosamente. Más allá de los cambios de Gobierno, el mantenimiento de la DR se ha transformado en una política de Estado invariable en las últimas ocho décadas. Pero lo más interesante del emprendimiento DR Byen es el diálogo y la concertación establecida con la comunidad local. A fin de establecer una sinergia científica y cultural, el Estado danés ha impulsado la creación del Grupo Orestad Nord. Además de la DR, la asociación estará integrada por la Universidad Tecnológica de Copenhague, la Biblioteca Real de Dinamarca, la Agencia de Consumidores de Copenhague, la Asociación de Vecinos de Orestad Nord y el Consejo de Defensa del Consumidor de Dinamarca. El objetivo, destaca Ebbesen, es integrar todos los segmentos de la comunidad local en un emprendimiento que ofrecerá servicios de alta calidad profesional en cada uno de los aspectos del proyecto: cultura, medios y tecnología de la comunicación. De esta forma, dice Ebbesen, es posible pensar que el desarrollo tecnológico vaya de la mano de los intereses más directos de la sociedad. Sólo como un ejemplo del potencial de esta urbe digital, Ebbesen afirma que el proyecto DR Byen ha puesto en contacto a la comunidad con siete corporaciones internacionales en tecnologías de la información para crear fundaciones que permitan financiar y desarrollar métodos pioneros de comunicación. “Para el país, DR Byen significará la producción de programas de mayor calidad con visión global. Nuestro foco está puesto en la innovación y la creatividad”, explica Ebbesen. Con la misma mística periodística Pese al brillo de las nuevas tecnologías de la información, DR no ha perdido la mística de sus medios de comunicación. El director de noticias de DR, Henrik Keith Hansen, esboza la visión periodística de la organización: “No perdemos de vista que la misión fundamental es generar un espacio de debate sobre los problemas que nos afectan. Además, buscamos estimular la expresión de opiniones y el diálogo para encontrar las soluciones”. En ese marco, se han puesto como meta defender a rajatabla la credibilidad de sus medios sobre la base de la independencia respecto de los Gobiernos de turno. DR es una organización estatal que recibe subsidios del Estado danés, pero que no permite en ninguno de sus planos de producción la intromisión de los partidos políticos o funcionarios gubernamentales. ¿Cómo lo logra? No es fácil, reconoce Hansen. “Hay presiones, hay llamadas que intentan influir en nuestra forma de trabajo, pero por encima está nuestra visión de hacer un trabajo periodístico profesional”, destaca. Hansen pone como ejemplo que los temas propuestos para su difusión como noticias deben respetar los principios de relevancia e interés público. “Sólo la prioridad periodística —añade— nos dice qué publicar o no en la agenda que colocamos todos los días al aire; lo que no le interesa a la gente no nos interesa a nosotros”. Este criterio explica que las caricaturas sobre el profeta Mahoma publicadas en el Jyllands Posten hayan sido tratadas con el máximo cuidado. Una ardua discusión se antepuso a la decisión de emitir muy brevemente las imágenes del derechista periódico de Copenhague. “La gente nos llamaba azorada preguntando por qué se estaban quemando banderas de Dinamarca en los países árabes. Decidimos, entonces, participar en la polémica, pero sin caer en la apología ni en la agresión a la comunidad musulmana”, subraya el director de noticias de DR.
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